domingo, 14 de septiembre de 2014

Booktubers

Booktubers
¿Ángeles o demonios?

Después de la nota de la señora Ana Garralón en Letras Libres (http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/retrato-del-resenista-adolescente ) sobre la cuestionada labor de los no tan recientes booktubers, permítanme dejar algunas reflexiones personales como escritora, politóloga y ex joven.

Antes que nada quiero aclarar que la función y/o pretensión de esta camada de adolescentes y jóvenes, que a través de cortos vídeos caseros hacen llegar a su audiencia su parecer respecto de los libros que van leyendo al momento, es a grandes rasgos compartir su opinión personal sobre novedades (o no) literarias. Ya sea a favor o en contra.

El artículo de Garralón, a mi modesto entender, peca de generalizar la cuestión. Decir que los jóvenes consiguen solo material en la internet, que no van a librerías o que están respaldados por las mismas editoriales,  entre otras tantas afirmaciones, es casi subestimar su inteligencia.

¿Si los hay? Puede que sí.

Ahora yo reflexiono y pienso: ¿dejamos de concurrir al consultorio médico porque muchos doctores (profesionales todos y ningún improvisado) recetan determinados medicamentos pues las grandes farmacéuticas los premian con algún viaje al Caribe a fin de año? Obviamente que no.

Me cuesta creer que la opinión de los jóvenes, o de la mayoría, esté sesgada por intereses corporativos. Y me declaro ingenua si eso implica creer que lo hacen por amor a la lectura y por el placer de compartirlo con sus pares.

Vengo de un país, Argentina, donde se reprimió fuertemente a los jóvenes por reclamar desde un ticket de comedor escolar a sus derechos más importantes. Donde los libros se quemaban cuando hablaban de cuestiones ideológicas, donde durante años ser un libre pensador era peor que el maleficio Avada Kedavra.

Y en caso que existan, ¿cómo detectar aquellos funcionales a las editoriales o qué posición tomar frente a ellos? Al igual que hacemos cuando una guía gastronómica nos recomienda con diez estrellas un restaurante, y al visitarlo resulta ser la taberna del Patito Modosito de Rapunzel (Patito Frito en España). No importa qué arreglo exista entre el comedor y la guía. El cliente tiene la última palabra.

Desde mi humilde percepción, creo que los niños que hoy leen, mañana serán adultos que piensan. Bendigo a todo aquel, que solo por amor al arte, difunde entre los que tienen hambre y sed de conocimiento, una buena lectura. Cariños.

Nerea Liebre

Buenos Aires

No hay comentarios:

Publicar un comentario